TIEMPO DE VIAJAR publica a partir de la presente edición una serie de reportajes sobre las rutas del CAMINO DEL CID, completado con un amplio capítulo gráfico.

Además, incluimos dos reportajes: una visita a la capital alemana, BERLÍN, y un recorrido por los VALLES CALCHAQUÍES de Argentina.

Y en los Destinos Mágicos ofrecemos la primera parte de una singular y espectacular travesía por el río BRAHMAPUTRA, del Himalaya al Océano Índico.

Muy interesante el capítulo gráfico en la Galería de Fotos.

MEMORIAS DE ÁFRICA

“ Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong…”



En 1985 la Academia de Hollywood concedió siete Oscars a la película Memorias de África, dirigida por Sydney Pollack e interpretada por dos excelentes actores como Meryl Streep y Robert Redford. Aquella historia cinematográfica sirvió para dar a conocer a todo el mundo la vida real de la escritora danesa Karen Blixen, una mujer de salud frágil y no demasiado afortunada en su vida sentimental, que realmente sólo fue feliz en los años que logró vivir experiencias y aventuras en el continente africano, las cuales marcarían el resto de su existencia.
Pero en realidad todo comenzó mucho antes. Nacida el 17 de abril de 1885 como Karen Dinesen en la propiedad familiar situada en Rungstedlund, al norte de Copenhague, desde muy joven ya mostró su interés por la literatura. De hecho su padre, Wilhelm, hombre que cuidaba de su granja, militar y funcionario, también fue escritor.
Precisamente el suicidio del padre cuando ella sólo contaba diez años fue el primer golpe duro que tuvo que encajar Karen.
Junto con su madre, Ingeborg (hija de un armador adinerado) y sus hermanas, se desplazó a Suiza y estudió francés, regresando tres años más tarde a Copenhague, donde ingresó en la Art School.
Cuando contaba 22 años publicó sus primeras historias: Los Ermitaños en la revista Tilskueren y El Arador en la Gads danske y la buena acogida que ambas tuvieron la animaron a seguir escribiendo. Fue por aquel tiempo cuando se enamoró de Hans Blixen-Finecke, hijo de un primo de su padre.
Tras pasar una temporada en París y después en Roma visitando a algunos familiares, acabó comprometiéndose con el barón Bror Blixen-Finecke, hermano gemelo de Hans.

VIAJE A KENYA
En 1913, Karen emprendió la que sería la gran aventura de su vida. Con 28 años se embarcó en Nápoles rumbo a África, sin una idea clara sobre lo que sería su destino como pionera en tierras inhóspitas.
Se casó con Bror Blixen, proyectando vivir como colonos en una granja situada a las afueras de Nairobi (Kenya), cerca de las colinas de Ngong, lugar donde decidió plantar un cafetal, inicialmente de 1.500 acres.
En el verano de 1914 saltó la conmoción en toda Europa por el estallido de la Gran Guerra. El conflicto bélico mundial enfrentaba a las potencias que querían redefinir la hegemonía internacional y lógicamente ello iba a tener sus consecuencias en las colonias gobernadas por Alemania y Gran Bretaña.
Un año después, gravemente enferma a causa de una sífilis contagiada por su marido decidió regresar a su país. No obstante, seguía sintiendo una pasión muy especial por África, de ahí que tan pronto estuvo bastante recuperada, volvió a viajar a su granja en Kenya y con el dinero que le proporcionaron sus familiares logró comprar otra granja en el lado occidental del valle del Rift y aumentar los acres de terreno dedicados a cafetal hasta un total de 4.500.
Comenzó a distanciarse su relación con Bror Blixen y a dirigir la granja con la ayuda de su hermano Thomas y los nativos que tenía a su cargo. Volvía a recuperar la felicidad perdida.
A los 33 años, conoció al hombre que sería más importante en su vida, el cazador inglés Denys Finch Hatton, con quien inició una relación sentimental.
Karen estaba viviendo los mejores años, disfrutando de la naturaleza africana que la fascinaba, el trabajo en la plantación de café, las aventuras en los safaris y el enriquecedor acercamiento a la población indígena. Además, la amistad con Denys Finch Hatton la enriqueció de forma considerable en el campo intelectual, no en balde él era un hombre inteligente, rico, amante de la música clásica y llegó a introducir a Karen en la literatura antigua y en la música de Händel y Stravinski.

“Debo a Denys Finch Hatton el mayor, el más delicioso placer de mi vida en la granja: volar con él sobre África. Allí, donde no hay carreteras o hay muy pocas y donde se puede aterrizar en las llanuras, volar se convierte en algo de real y vital importancia en tu vida, te abre un mundo. Denys había traído su avión Moth; podía aterrizar en mi pradera de la granja sólo a unos cuantos minutos de la casa y volábamos casi todos los días. Cuando vuelas sobre las tierras altas africanas tienes unas vistas tremendas, sorprendentes combinaciones y cambios de luz y de color, el arco iris sobre la tierra verde iluminada por el sol, las gigantescas nubes verticales y las grandes y salvajes tormentas negras, que te rodeaban a toda velocidad corriendo y danzando. Las fuertes y contundentes lluvias blanquean el aire oblicuamente. El lenguaje se queda corto para expresar la experiencia de volar y tienes que terminar inventando nuevas palabras. Cuando has sobrevolado la Falla Grande y los volcanes de Suswa y Longonot, has viajado más allá, hasta las tierras que hay al otro lado de la luna. Otras veces puedes volar tan bajo que ves los animales en las praderas y te sientes como Dios cuando acaba de crearlos y antes de que le encargara a Adán que les pusiera nombre”.

REGRESO A DINAMARCA
La granja de Karen se vio muy afectada por la gran depresión económica mundial y tuvo que ser vendida en la primavera de 1931. Meses después, Denys Finch Hatton halló la muerte al caerse con su avión. Hundida en la desolación, Karen regresó a su país. Nunca más volvió a África.

“Denys había escrutado y seguido todos los caminos de las colinas africanas, y mejor que cualquier otro hombre blanco conocía su terreno y sus estaciones, la vegetación y los animales salvajes, los vientos y los olores. Había observado los cambios atmosféricos, sus gentes, las nubes, las estrellas de la noche. Hacía muy poco tiempo le había visto allí, con la cabeza desnuda bajo el sol de la tarde, mirando con los gemelos para descubrirlo todo. Había absorbido al país, en sus ojos y en su mente, África le había cambiado, marcado por su personalidad, convirtiéndose en parte suya. Ahora esta tierra lo recibía, lo tomaba a su cargo y se unía a él”.

De vuelta en Europa, su vocación literaria se desplegó plenamente, escribiendo indistintamente en danés y en inglés con el seudónimo de Isak Dinesen.
Karen Blixen ha ejercido y ejerce una fascinación creciente sobre el público lector cada vez mayor. Obras como Siete Cuentos Góticos,  Cuentos de Invierno, Anécdotas del destino, Ebrengard y, sobre todo, Lejos de África, la confirmaron como una de las mejores narradoras del siglo XX en cualquier idioma. Incluso fue nominada al Premio Nobel en dos ocasiones.
Para Karen, África fue, más que el espacio de una libertad, el escenario de un destino. La mujer orgullosa de su estirpe llegó a convertirse en una abnegada enfermera y una emprendedora mujer de negocios. África no la defraudó. Si al final fue vencida, si al final tuvo que decir adiós a las colinas de Ngong no fue porque el continente negro la rechazara sino porque los mercaderes lejanos, los que dirigen el mundo desde sus despachos asépticos y fríos, decidieron un día bajar el precio del café en el mercado de Londres. Durante toda su vida la escritora conservó la memoria de esos años duros y fascinados como una especie de tiempo mágico donde pudo conjugar libertad y fatalidad, amor y desgracia.
Poseída por la pasión de Sherezade, Karen Blixen o Isak Dinesen, en Lejos de África nos cuenta un cuento que se prolonga a lo largo de páginas y páginas encantadas. El cuento de su vida en África y el cuento de todos los que la rodeaban -europeos o somalíes, kikuyus o masais-. En cierto modo y a pesar de todos los avatares de una vida que tuvo episodios de extremada dureza, ella nunca perdió la inocencia hechizante de quien tiene la pasión de contar. Tuvo la suerte de vivir entre personas que sabían apreciar por encima de cualquier cosa los poderes de la imaginación. Esta Sherezade nórdica tuvo también el privilegio de fundir las más soterradas tradiciones fabuladoras occidentales con las costumbres de pueblos a los que el colonialismo europeo introdujo de golpe y despiadadamente en la historia.
En alguna parte de este libro excepcional que es Lejos de África, habla de esa atracción casi fatal que las gentes del norte de Europa sienten por lo meridional. Al menos ella la sintió. Todo su libro es una encendida declaración de amor a unos paisajes, a unas gentes y a unas culturas que se situaban en el polo opuesto de lo que había sido su pasado familiar y social.
En los últimos años de su vida, se agravó su débil salud y tuvo que sufrir diferentes intervenciones quirúrgicas. El 7 de septiembre de 1962 falleció en Rungstedlund a causa de desnutrición.
En mayo de 1991, veintinueve años después de su desaparición, la reina Margarita II de Dinamarca y la ministra de Cultura danesa, inauguraron un museo dedicado a Karen Blixen en la casa donde residió hasta su muerte.

“Después de que me fuera de África, Gustav Mohr me escribió contándome una cosa muy extraña que había sucedido en la tumba de Denys, nunca había oído nada semejante. Los masai, me escribió, han informado al Comisionado del Distrito de Ngong que muchas veces, al alba y al crepúsculo, han visto leones en la tumba de Finch Hatton en las colinas. Un león y una leona han aparecido allí y se quedan de pie, o se echan, en la tumba durante mucho tiempo. Algunos indios que pasan por el lugar en sus camiones camino de Kajado también los han visto. Después de que te fuiste el suelo que  rodea la tumba fue nivelado, formando una especie de gran terraza, supongo que el lugar tan plano es un buen sitio para los leones, desde allí pueden ver toda labradera, el ganado y la caza que hay en ella”

La casa de Karen Blixen en África, se ha convertido en un destacado destino turístico. En el interior de la misma se conservan muchas de sus pertenencias, tal y como ella las dejó. Y a escasa distancia está ubicada la tumba de Denys Finch Hatton.
La mansión se halla situada a las afueras de Nairobi, junto a las colinas de Ngong, en la carretera de Nakuru y antes de llegar al lago Naivasha, en pleno corazón de la Gran Falla Africana.