La presente edición de TIEMPO DE VIAJAR incluye dos interesantes reportajes:

El primero está dedicado al MÁGICO MUNDO DE LA DANZA INDIA. En un segundo artículo visitamos SANTA MARIA DE MELQUE, una maravilla visigótica.

Y en los Destinos Mágicos publicamos un reportaje muy especial que denominamos A TRAVÉS DE LA ANTIGUA PERSIA.

Excelente el capítulo gráfico en la Galería de Fotos.


S U R I C A T A



UN SIMPÁTICO Y ASTUTO AFRICANO

 Se trata de un pequeño  mamífero, miembro de la familia de la mangosta que habita en la región del desierto del Kalahari y el Namib de África.
El suricata es una de las mangostas más pequeñas; los machos tienen un peso aproximado de 731 gramos y las hembras un poco menos. El cuerpo y los miembros de estos animales son largos y esbeltos con una longitud del cuerpo y la cabeza de entre 250 y 350 milímetros. La cola es delgada y un poco alargada, midiendo entre 175 y 250 milímetros. A diferencia de la mayoría de mangostas carece de abundante pelaje
Su cara tiene forma cómica, terminando en punta en la nariz y redondeada en la parte posterior de la cabeza. Las orejas son pequeñas y tienen forma de media luna. El color del pelaje varía geográficamente. En la región sur de su distribución, el color del pelo es más oscuro, con un tinte más claro en las regiones más áridas. Generalmente el color es gris moteado, canela o marrón con tinte plateado. La nariz es marrón y la parte ventral del cuerpo está parcialmente cubierta con pelo. Las garras de los miembros anteriores estás adaptadas para escarbar, y la cola es amarillo-canela con la punta de color negro. Adicionalmente tiene parches de color negro alrededor de los ojos. Tiene bandas de color negro que atraviesan la región dorsal excepto la cabeza hy la cola.
El cráneo cuenta con órbitas grandes, no tiene cresta sagital, el arco cigomático es delgado y la apófisis coronoides mandibular es de mediano tamaño. Los incisivos de la boca son ligeramente curvos; los premolares y molares tienen cúspides altas y puntiagudas.

BIOLOGÍA Y ECOLOGÍA
Es una especie diurna y de costumbres sociales. Son animales excavadores que viven en grandes redes subterráneas con múltiples entradas. Sólo las dejan durante el día. El tamaño de las colonias puede alcanzar los cuarenta individuos.
El suricata es principalmente insectívoro, pero también se alimenta de invertebrados pequeños, huevos y componentes vegetales. Buscan alimento regularmente excavando en el suelo, la hierba y debajo de las rocas. Su dieta está conformada por el 82% de insectos, 7% de arácnidos, 3% de ciempiés y un 2% de reptiles y pequeñas aves.

DISTRIBUCIÓN Y HÁBITAT
Los suricatas habitan en el extremo sur de África, específicamente el occidene y sur de Namibia, suroccidente de Botswana y el norte y occidente de Sudáfrica, existe una pequeña intrusión en el extremo suroccidental de Angola. También en las áreas de baja altitud de Lesoto.
Habitan las zonas más áridas y abiertas que cualquier otra especie de mangsta. Se les encuentra en áreas de sabana y llanuras abiertas, y su distribución depende del tipo de suelo, con preferencia de suelos firmes y duros para asentarse.

SUS DEPREDADORES
Entre sus depredadores se incluyen varias aves y mamíferos carnívoros, tales como halcones y águilas, aparte de chacales.
La especie muestra una variedad de estrategias contra los depredadores. Estos comportamientos incluyen llamadas de alarma, manteniendo el estado de alerta colocando el cuerpo en una posición erguida, búsqueda de refugio, advertencias defensivas, acoso en grupo a un depredador, autodefensa y protección a los jóvenes.
Durante las amenazas defensivas y acoso, los suricatas aparentan ser más grandes de lo que en realidad son. Un individuo puede arquear su espalda y aparentar ser tan alto como le sea posible sobre sus cuatro patas, con los pelos y la cola erectos, y la cabeza agachada. Al mismo tiempo, se mueve hacia adelante y hacia atrás, gruñe, silba y escupe en un intento de intimidar a su enemigo. El acoso requiere que un grupo de suricatas exhiban este comportamiento defensivo simultáneamente. Si un depredador se acerca a pesar de estas advertencias, el suricata se posa sobre su espalda con las garras y dientes visibles, protegiendo así la parte posterior del cuello. Para los depredadores aéreos, los suricatas con frecuencia suelen refugiarse en una madriguera en caso de un inminente ataque. Resulta sorprendente, sin embargo, que los adultos puedan proteger a sus crías con sus propios cuerpos.

LOS SURICATAS COMO MASCOTAS
Estos animales son criaturas simpáticas y por ello, en su zona de origen, suele ser frecuente que se les domestique como mascotas. En Occidente no se les considera aptos para animales de compañía, puesto que su comportamiento es sumamente destructivo en un domicilio urbano. En numerosos países la tenencia de suricatas, como de cualquier animal salvaje, está penada por la ley. Estos animales pueden llegar a transmitir la rabia, por lo que en África han sido perseguidos, pero siguen sin estar en peligro de extinción.
En lengua swahili es llamado “gato de roca”.
Por lo que hace referencia a la cultura popular los suricatas adquirieron algo de fama entre el público angloparlante después de que David Attenborough presentara Meerkats Unidos, un documental de la BBC sobre ellos.
Posiblemente, el suricata de ficción más conocido sea el personaje de Timón que actuaba en la película El rey león, donde al cachorro Simba, acompañado por sus dos amigos, Timón, un suricata parlanchín, y Pumba, un jabalí, viven la aventura de crecer y llegar a ocupar el papel para el cual están destinados.

MEDINA AZAHARA



PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD
 

El conjunto arquitectónico de Medina Azahara acaba de ser reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Con éste galardón, la ciudad de Córdoba suma ya su cuarta distinción, siendo las anteriores, la Mezquita, el centro histórico y los patios.
La ciudad cordobesa se convierte de este modo en la capital española con más títulos de Patrimonio Mundial.
 
ESPLENDOR DE AL-ANDALUS

Hacia el oeste, a muy pocos kilómetros de Córdoba, al abrigo de las laderas de Sierra Morena y mirando al sur, desde donde se divisa el valle del Guadalquivir, Abd al-Rahman III, el siervo del Misericordioso, el que combate victoriosamente por la religión de Dios, levantó una ciudad cuyo nombre ha quedado en el recuerdo como signo fugaz del esplendor, el lujo y la belleza.
La fantasía popular y la imaginación de los poetas atribuyen su fundación al amor que sentía el Califa por al-Zahra, una de sus favoritas. Retengamos la leyenda como metáfora siquiera de la dedicación y el fervor con que Abd al-Rahman III afrontó su colosal empresa. Pero es improbable que un plan tan riguroso y exhaustivo obedeciera sólo al gesto espontáneo de un enamorado.
Aquel guerrero feroz e implacable, que había dedicado más de veinte años de su vida a pacificar al-Andalus y asegurar sus fronteras combatiendo a los reyes cristianos; el hombre obsesivo, desconfiado y cruel, que no dudó en matar a su propio hijo Abd Allah, al sospechar que conspiraba contra su autoridad, concibió una ciudad que, surgiendo de la nada como la legendaria Bagdad, quedara para siempre en el devenir de los tiempos como expresión del poder y la gloria de al-Andalus, pero también y sobre todo como testimonio de la ambición de un hombre al que cupo hacer realidad un sueño.
Para alcanzar su propósito, al que dedicaría los últimos veinticinco años de su vida, el Califa no reparó en esfuerzos ni gastos. Dispuso una extraordinaria fortuna, convocó a los mejores arquitectos, a los capataces y albañiles más experimentados, a los más hábiles artesanos… y un día de noviembre del año 936 comenzaron las obras, en las que trabajaron miles de hombres bajo su propia dirección y la atenta supervisión de su heredero, el futuro al-Hakam II, que las terminaría quince años después de la muerte de su padre.
Durante cuarenta años se talaron bosques, se acarrearon miles de sillares y columnas, y se hizo acopio de todo tipo de plantas y animales exóticos, de suntuosas alfombras, mármoles de las más variadas tonalidades, ébano y cristal, oro y piedras preciosas, así como toda clase de extraños artilugios, traídos desde los lugares más remotos y en cantidades tales que sólo su mención acerca la crónica a la más fantástica e hiperbólica leyenda.
De planta rectangular, escalonada en tres terrazas superpuestas en dirección descendente norte-sur, y fortificada con un doble recinto de murallas, la ciudad -a la que actualmente se accede por el lienzo norte de la muralla- fue creciendo de acuerdo con el modelo ideal de ciudad islámica, a la que se confirió singular fisonomía. Dominando y presidiendo el conjunto, el Alcázar Califal, dividido en dos amplios sectores separados por gruesos muros. En el sector occidental, se localiza la residencia del Califa, las estancias, los jardines y los patios privados, así como dependencias administrativas y de servicio. En el sector oriental, en el ámbito público del Alcázar, reconocemos la Casa Militar, cerca del lienzo oriental del alcázar, donde se abren los cuatro arcos que se conservan de la Gran Puerta, que estaba formada por una espectacular batería de quince arcos y más de sesenta metros de longitud.
En la segunda terraza y definiendo el eje central del alcázar se levanta el Salón de Abd al-Rahman III o Salón Rico, probablemente la construcción más emblemática del conjunto. Este edificio de planta basilical es en sí mismo el testimonio más elocuente no sólo de una concepción constructiva, sino también y sobre todo del alto valor simbólico que el Califa le imprimió a su obra. Aquí era donde recibía a los embajadores y dignatarios de los más diversos reinos de Oriente y Occidente, abrumándolos con la pompa y el boato del protocolo califal, y deslumbrándolos con el lujo y la magnificencia de la corte omeya.
Frente al pórtico del Salón Rico, hacia el sur, se extiende el Jardín Alto, cerrado por una muralla en tres de sus lados, salvo en el norte; al oeste, el Jardín Bajo; y al este, la Mezquita Aljama que, como es natural, respondía al modelo canónico: patio, sala de oración con cinco naves paralelas entre sí y perpendiculares a la Quibla, y alminar. Hacia el sur, y separada del conjunto que delimita el Jardín Alto estaría la medina de la que apenas se sabe nada en la actualidad.
Impaciente por tomar posesión de su nueva ciudad, Abd al-Rahman III se instaló en el alcázar pocos años después de que comenzaran las obras. Medina Azahara se convirtió enseguida en el centro de gravedad no sólo de la vida política, económica y militar de al-Andalus, sino también de toda la actividad artística y cultural de la corte omeya.
Pero aquel esplendor, aquella suntuosidad arquitectónica, su extraordinaria riqueza ornamental, se vendrían abajo setenta años después de que Abd al-Rahman III levantara los primeros muros. La muerte de al-Hakam II, primero; el desafecto de Almanzor, que no dudó en emular al primer califa fundando Madinat al-Zahira después, y definitivamente la guerra civil, que acabaría con el Califato, así como los saqueos, enfrentamientos e incendios derribaron para siempre aquel sueño, destrozando la ciudad más bella de Occidente.
Lo que hoy se contempla no es sino un yacimiento arqueológico, los signos irreparables de la destrucción y el expolio sistemático de que fue objeto la ciudad de las blancas murallas a principios del siglo XI. Los siglos transcurridos desde entonces han ido añadiéndole a estas ruinas una pátina de sombras que con el tiempo confunde la memoria. Convencidos tal vez, como Ricardo Molina, de que Medina Azahara “vive en fiel estación de melancolía”, quienes se ocupan de su reconstrucción han empeñado su esfuerzo y su imaginación en rescatar aquel sueño del olvido.
Abd al-Rahman III (Abderramán III) nació en la antigua Qurduba (Códoba) el 7 de enero del 891 y murió en Madinat al-Zahra (Medina Azahara) el 15 de octubre del 961.
Vivió setenta años, de los cuales reinó durante cincuenta, y condujo el emirato cordobés al esplendor califal. De él llegaron a decir los poetas de su tiempo que “Rehizo la unión del Estado, arrancando los velos de las tinieblas. El reino que destrozado estaba reparó, quedando firmes y seguras sus bases (…) Con su luz  amaneció el país. Corrupción y desorden acabaron tras un tiempo en que la hipocresía dominaba, tras imperar rebeldes y contumaces”. Bajo su mandato, Córdoba se convirtió en un verdadero faro de la civilización y la cultura.



PANTERA NEGRA



UN RUGIDO EN LAS SOMBRAS


La pantera negra es una forma de denominar a los leopardos melánicos. Su color negro es producido por una gran cantidad de melanóforos (células pertenecientes a una de las capas de la piel) distribuidos por toda la superficie corporal.
La pantera negra es un gran felino nativo de Sudamérica, Centroamérica y parte de Norteamérica.
Es el mayor de los felinos americanos y mide entre 1,1 y 1,85 metros de longitud en estado adulto, aunque en realidad los machos suelen ser mayores de tamaño.
Las panteras negras son grandes cazadores solitarios y no se relacionan con otros de su especie más allá de la época de apareamiento; generalmente cazan presas grandes: sus poderosas y temibles mandíbulas los prepara para cazar venados, tapires, carpinchos o pecaríes, pero son grandes oportunistas y pueden atrapar cualquier animal, desde ranas y ratones a aves, peces y animales domésticos.

HÁBITAT
Su hábitat varía desde la selva tropical de Centro y Sudamérica al campo abierto, pero muy rara vez son vistos en zonas montañosas, en donde predomina el puma. Conocidos por su habilidad para nadar y trepar, generalmente prefieren vivir cerca de los ríos, pantanos y en bosques frondosos con vegetación espesa para así acechar a sus presas.
La pantera negra ha sido objeto de culto por parte de gran parte de las etnias aborígenes americanas; ha sido considerado también como ligado al chamán y sus prácticas. Los guerreros-jaguar aztecas, de ascendencia noble, portaban pieles de Panthera-Onca sobre las espaldas a modo de distintivo en la batalla.
A la llegada de los europeos en 1492, el área de distribución de la pantera negra era mucho mayor que en la actualidad; su límite septentrional se ubicaba en América del Norte, hacia el 35º de latitud norte, encontrándose en parte de California, Texas y Nuevo México, en los actuales Estados Unidos; su límite meridional se encontraba hacia los 40º sur, en Chubut, Argentina.
Desde el siglo XV hasta la actualidad, la Pantera-Onca ha sido exterminada por el hombre fuera de las áreas más selváticas e inaccesibles. En Argentina, donde fue casi totalmente exterminada a lo largo de los siglos XIX y XX, apenas se encuentran hoy algunos ejemplares en la yunga salteña y presumiblemente en zonas poco accesibles de las provincias de Misiones y Formosa. Del mismo modo en Texas apenas se encuentran unos pocos ejemplares en reservas cercanas a la frontera del Río Bravo. Su refugio más extenso se halla, sin duda alguna, en la Selva Amazónica.

REPRODUCCIÓN
Los machos jóvenes se la pantera negra alcanzan la madurez sexual alrededor de los tres años de edad, las hembras cerca de un año antes.
Las hembras dan a luz hasta cuatro cachorros después de 90 a 110 días de gestación, pero no educan a más de dos para la adultez. Los jóvenes pueden ver a las dos semanas de vida. Permanecen con la madre por un tiempo largo de hasta dos años, antes de buscar establecer un territorio propio, el cual puede medir entre 25 y 150 kilómetros cuadrados. En cautividad, las Panthera-Onca pueden vivir hasta veinte años.

HASTA SIEMPRE AMIGO JOSE MARÍA



Resulta muy difícil decir adiós a una leyenda de la comunicación, un auténtico genio de la radio y la televisión, un maestro de presentadores que consiguió llevar el entretenimiento a todos los hogares españoles, un experto en el mundo de la música y un apasionado de los Beatles que a lo largo de varias décadas, con su peculiar bigote y su no menos icónica voz cautivó a todos quienes le veían y escuchaban.
Y más difícil resulta si, quienes compartimos con él las tareas informativas logramos descubrir a una gran persona, un hombre entrañable y un buen amigo: José María Iñigo.
Nacido en Bilbao en 1942, bien pronto destacó trabajando en la radio, colaborando en Los 40 Principales y El Gran Musical, para pasar luego a la televisión en blanco y negro. Fue un auténtico pionero con infinidad de programas. Debutó en TVE con el musical Último grito de Pedro Olea. Dos años después se puso al frente del programa que quizá más fama le dio, Estudio Abierto, en un formato creado por Fernando Navarrete, primero en la segunda cadena y luego pasó a la primera dado su éxito.
Más adelante fue Directísimo, consiguiendo entrevistar a los personajes más relevantes de la época. Siempre José María Iñigo conseguía poner la magia suficiente en todos y cada uno de sus programas, como para tener al telespectador pendiente de la pantalla. Luego vendrían Esta noche… fiesta y Fantástico con rotundo éxito. De hecho estuvo colaborando con diferentes programas de televisión hasta el último momento.
Entre 1975 y 1983 logró seis TP de Oro como Mejor Presentador. En 1971 le fue otorgado el Premio Ondas y en el 2009 el Premio Antena de Oro de la televisión y en el 2010 el Premio a Toda una Vida de la Academia de Televisión.
Al mismo tiempo, durante todos estos años continuó trabajando como escritor, publicando varios libros y editando diferentes revistas dedicadas al mundo del viaje y la hostelería, tales como Viajes y Vacaciones y Hoteles, entre otras, para posteriormente editar a nivel digital la revista Ganas de Viajar.
Sin olvidar, por supuesto su excelente, añorada y bien documentada presentación del Festival de Eurovisión en las últimas décadas.
Ejerciendo siempre de bilbaíno universal, gran gourmet y experto en temas musicales, aparte de un icono en las tareas televisivas, trabajar junto a José María ha supuesto para todos quienes estuvimos a su lado el mejor de los aprendizajes.
Con él se modernizó la radio y la televisión en nuestro país, fue un verdadero guía para quienes seguimos sus huellas a lo largo de varias generaciones y en todo momento supo ganarse el afecto y el cariño de quienes nos consideramos sus amigos.
José María Iñigo siempre será un referente, toda una leyenda.
¡Hasta siempre José María! Nunca te olvidaremos.